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Cien facetas del señor Styles {MEGA HOT}

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Cien facetas del señor Styles {MEGA HOT}

Mensaje por Tomlison. el Jue Sep 12, 2013 10:54 am

Capítulo 1- Un tren llamado deseo


Todos los pasajeros de este vagón del TGV se han dormido o están ensimismados con la cabeza en otra parte. Saco mi tablet para intentar trabajar un poco. El viaje París-Angoulême sólo dura dos horas y media así que tengo que más me vale que me espabile antes de llegar. Eric me ha puesto al corriente ____, yo no puedo ir, pero estos dos antes de marcharme y me ha metido un poco de presión:estos días son muy importantes. Confío en ti pero es absolutamente necesario que consigas intercambiar unas palabras con Harry Styles. Harry Styles... Ese hombre es un mito en el mundo del vino. Este multimillonario, magnate de la prensa, posee casi todas las publicaciones internacionales relacionadas con el vino.

Pero, sobre todo, es uno de los mayores amateurs de vino del mundo y, poco a poco, se ha ido haciendo con los mejores viñedos de Francia. Organiza todos los años un gran evento en el Château de Bagnolet para dar a conocer sus viñas e impulsarlas.
No sé muy bien por qué pero, aparentemente, todo el mundo mataría por asistir.
La guinda del pastel de estos dos días de festejos entre un lujo desbordante es un concierto de música clásica que Styles ofrece a sus invitados más cercanos.

Suele invitar a la prensa especializada pero solo un selecto grupo de periodistas tiene el honor de asistir
al concierto y de acercarse más a Styles. Contemplo atentamente la bella invitación color crema impresa en papel grueso que llevo en el bolso y acaricio con el dedo el relieve de las grandes letras
doradas que rezan: «Harry Styles tiene el placer de invitarle».

El placer no es mutuo. Todavía no he llegado y ya me está estresando, pero al mismo tiempo, siento curiosidad, estoy intrigada. He escuchado hablar hasta la saciedad de ese misterioso señor Styles, tanto en boca de Eric, como en cenas y periódicos. Todavía no me creo que me estén mandando aquí.

Me doy cuenta de que no sé ni siquiera cuántos años tiene ni cómo es su rostro ; lo busco en Google
con un puntito de impaciencia. Intento tranquilizarme, no puede ser tan impresionante. Su página de
Wikipedia me cuenta un poco sobre él: Harry Styles, 23 años, nació en Londres, de madre
francesa y padre londinense.

Creció en una familia más que acomodada y después vino a estudiar a Francia. Actualmente vive entre estos dos países. Aumento el zoom para ver mejor la foto y descubro a un hombre con un rostro escultural. Su marcada mandíbula le da un aire muy viril. Su cabello castaño, con un corte impecable, enmarca unos rizos alborotados. Por encima de la nariz, fina y recta, sus ojos de color verde intenso tienen algo enigmático. Un verde con matices negros. La mirada tenebrosa contrasta con la dulzura de su boca, divinamente enmarcada por unos labios carnosos, que se abre a unos dientes perfectos.

Aunque no me tranquiliza demasiado, ahora lo entiendo mejor: una cara así no deja indiferente a nadie. Me doy cuenta de que la foto me ha dejado impactada, me pongo a pensar con cierta excitación
en este viajecito de dos días. No obstante, sé que acercarme al señor Styles será un auténtico reto
para mí. Éric me ha pedido que prepare varias preguntas para incluir una pequeña entrevista en mi
artículo, empiezo a garabatear algunas ideas en el cuaderno pero la foto atrae constantemente mi mirada, de forma casi magnética. Tengo la cabeza en las nubes y me cuesta concentrarme en lo que hago.

Pienso en Éric, que estaba enormemente decepcionado por no poder asistir a esta fiesta entre viñas del señor Styles, y en mí, que no me apetecía en absoluto. ¿Estaré cambiando de opinión...?
Busco más fotografías de Harry Styles en Internet. No hay muchas, parece que ha intentado proteger su intimidad. Sin embargo, en una de ellas se le ve perfectamente, de pie, en una ceremonia vitícola. Es más alto que la mayoría de los hombres que conozco, parece esbelto y bien proporcionado. A la vista de su ancha espalda, los sólidos hombros y las nalgas musculosas, Harry debe de ser un deportista constante o ha sido agraciado con una fuerza natural.

Resulta casi irritante. Y, para conservar la armonía, parece tener un sentido innato del estilo. Está vestido de forma elegante, sin pecar de sofisticación. Un traje negro sobrio y chic deja entrever una camisa blanca cuyos tres primeros botones están abiertos, dejando al descubierto un torso tan bronceado como su cara. Me sorprendo analizando detalladamente a este hombre que apenas conocía hace unos minutos. Bueno, de acuerdo, es muy atractivo.

He de admitir que su físico inusual, esa presencia, ese porte y esa altura me causan un efecto increíble. Suspiro y cierro los ojos tras mirar una vez más las dos fotos de Harry Styles. Sin darme cuenta, me sumerjo en un sueño increíblemente dulce, con una sonrisa en los labios y la mente repleta de fantasías. Montado sobre un purasangre de raza, me domina desde arriba y su prestancia me hace sentir todavía más pequeña. Además, mi pelo castaño demasiado lacio y liso, los vaqueros metidos en unos botines planos de lo más sencillo y el holgado chaquetón negro no me ayudan a ganar confianza.

Él, sin embargo, está vestido con ropa de montar chic y me mira con dureza.
—Llega tarde —me regaña con voz viril, mirándome fijamente con esos ojos verdes.
—Sí, perdón...
—Ahórreme sus excusas. ¿Quién es usted?
—Eh... Vengo para la entrevista.
¿Qué me pasa que no puedo más que balbucear como un zoquete incapaz de hilvanar dos palabras sin vacilar?
—Creo que le he preguntado quién era usted. No a qué se dedica.
—Ah. Sí, disculpe, trabajo de becaria para Éric Chopard. La página Web de vinos.
—Ya sé quién es. Pero sigo sin saber nada de usted. Salvo esa manía de pedir perdón constantemente. ¿Tiene un nombre, «becaria de Éric Chopard»?
—Sólo intentaba ser educada. Pero puedo parar si lo prefiere.
Su forma de mirarme por encima del hombro empieza a molestarme. Me ha puesto el dedo en la llaga
con su último comentario. Pero, a juzgar por su mirada oscura, los labios entreabiertos y el silencio posterior, parece que tampoco le ha gustado la insolencia de la respuesta. No debe de estar acostumbrado a que le planten cara. Reanudo e intento decir rápidamente.
—___. ____ B... No me da tiempo a decirle mi apellido, me interrumpe.
¡Viva la educación!
—Su nombre es el diminutivo de almendra. Fruto duro, piel aterciopelada, interior lechoso, sabor dulce y amargo. Sí, ____ le queda como un guante. Le llamaré así a partir de ahora.

Suelto un largo suspiro.
Pero, ¿quién es este tío arrogante? ¿Quién se cree que es para permitirse cambiar el nombre de la gente? Pero estoy subyugada por su belleza, tanto que casi olvido su ego sobredimensionado. Me sorprendo al ver que le admiro.
—¿Está buscando una respuesta o va a seguir mirándome fijamente sin hablar? ¿Acaso está enfadada,
___?
—Prefiero callarme. ¿Tiene otras preguntas?
—Sí, señor. Sabia decisión, dulce ___. Pasemos a la siguiente pregunta. ¿Cuál es su tipo de hombre?
—Bajo, castaño, tipo latino. Vestido de forma sencilla. Cool, discreto, natural. Y, por encima de todo, muy dulce. Y que sepa reírse de sí mismo.
Toma esa.
Y, mientras disfruto describiendo a su contrario, se dibuja en su cara una ligera sonrisa y se echa a reír. Es la primera vez que le veo una emoción sincera y espontánea. Su coraza de belleza fría se resquebraja y deja entrever un tipo seductor. No, un pibón. Debe de haberse dado cuenta de su efecto
porque ha bajado del caballo para colocarse a menos de un metro de mí.
—Querida ____, ¿tiene experiencia con los hombres?
—Creo que eso no le concierne en absoluto.
—Creo que no es una respuesta a mi pregunta.
—Y yo creo que no era una buena pregunta.
—Y yo creo que está intentando evitar la respuesta. Tocada.


Tengo 22 años, tres ex a mis espaldas, de los cuales sólo uno ha sido serio, es decir, hemos durado más de seis meses. La mayoría de los tíos no me interesan y, cuando les intereso, ni me doy cuenta. No veo las señales, siempre me tiene que abrir los ojos alguna amiga y, de todas formas, nunca he dado yo el primer paso. En lo referente a los sentimientos, nunca he tenido una gran relación pasional y, en lo que respecta al sexo, calma total, de lo más clásico e intranscendente. Simplemente, no he encontrado al amante con el que desinhibirme. Y

no tengo ganas de probar veinte antes de encontrar el adecuado, eso es todo. Mi experiencia se resume en eso así que, no, no tengo nada que contar y, no, no tengo ganas de responder a esa pregunta. Pero el señor Styles, el sublime multimillonario a quien nadie le puede negar nada, me fusila con su mirada verde, exige una respuesta apuntándome con la punta de la barbilla y no parece dispuesto a dar el brazo a torcer.

En un arrebato de valor o de locura, doy un paso y reduzco la distancia entre Harry y yo, con los ojos clavados en la boca más sensual que nunca haya visto, coloco lentamente la mano sobre su mejilla y acerco mis labios a los suyos, sintiendo como su respiración se mezcla con la mía. Después, noto que
algo se mueve a mi lado, una presencia que me empuja y me sobresalta.

Me despierto de repente, con la boca entreabierta. La cierro rápidamente, compruebo con el rabillo del ojo que nadie me mira y me doy cuenta de que no era más que un sueño. Casi me da vergüenza. El tren entra en la estación de Angoulême, mis vecinos de vagón se levantan para coger sus maletas, aparentemente ajenos a la confusión que reina en mi interior. Les imito mientras maldigo mi romanticismo empalagoso. En serio, un caballo, ¿y qué más? Intento borrar de mi cabeza la imagen de Styles como príncipe encantador de la época actual y sólo ansío una cosa: llegar a la finca de Bagnolet y enfrentarme a la realidad. Y verle la boca.

Tomlison.

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Fecha de inscripción : 03/09/2013

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